National Geographic POD

miércoles 3 de septiembre de 2008

Vivir como jugar al Risk




Gracias a un amigo excepcional -como amigo y como persona- he acabado descubriendo que el autor de este blog -uf, ¿autor?- vive tan inconscientemente como jugaba al Risk años ha. El Risk, para quien no lo recuerde, es un juego de mesa cuyo fin consiste en -sobre un tablero-mapa- lograr los objetivos militares definidos, y en competencia con el resto de jugadores.

Mis éxitos con este juego fueron más bien limitados, la verdad. Probablemente tenía bastante que ver con ello el que se tratara de un juego de estrategia. Concepto con el que me manejo con relativa soltura en el mundo laboral, pero que desdeño hasta lo inconcebible -quién sabe si compensatoriamente- en mi vida personal. En aquellas partidas debí entender que la única fórmula posible consistía en atacar y atacar con denuedo hasta que se clarificara el panorama: habitualmente con una derrota -calificada de suicida por mis contrincantes-; y en rarísimas ocasiones con una victoria, que me sorprendía a mí tanto como al resto de compañeros de mesa.

Esa falta de criterio, esa carencia de capacidad para dimensionar las consecuencias de lo que se emprende, ha acabado constituyendo la metáfora misma de un servidor. Lanzar los dados con inconsciencia es un riesgo, y genera consecuencias. El momento de afrontarlas es también el momento para completar ciclos, plegar velas, abrazar a los amigos, recordar con pasión y sonrisas a las personas queridas y tomar otro camino. Discretamente.

No tengo, lo reconozco, ni puñetera idea de si la vida tiene sentido. Sé, desde mi lejano bagaje de estudiante de ciencias sociales, que siempre dotamos de sentido a lo que hacemos. Un jodiente imperativo antropológico. Pero que todo esto posea un sentido trascendente en sí, sea hoy el día más triste o el más feliz de la vida de cualquiera de nosotros, es una duda absorbente. Y un esfuerzo moral ciclópeo imposible.

Tal vez la cosa resida en que carece de sentido trascendente, o que su composición es tan evanescente como pueda serlo pensar en qué coño ganaba yo cuando por puro azar conseguía hacerme con una partida de Risk. Para qué.

Hace medio minuto o mil años, no sé, algún habitante de este planeta recordaba que cuando una noche sonó su timbre, aquella chica se asomó precipitada a su terraza pensando que su antigua pareja volvía a resguardarla, que daba marcha atrás. Que lo inexorable no existía, en realidad. Que aquellos paseos por la playa no debían acabar, maldita sea.

Cada medio minuto o mil años, no sé, nacen y se esfuman emociones cuyo alcance es inagotable, y constituyen la sustancia misma del ser humano. Su sentido, qué cojones.

De algo así creo recordar que iba este blog, y con ello se cierra. Tenía la pretensión de mantener una pequeña rebelión contra lo inexorable. Una rebelión gratuita, al fin, más propia del penoso jugador melancólico de Risk que firma esto, que de alguien que conozca con detalle -y capacidad de adaptación darwiniana- las condiciones de posibilidad de la existencia.


Gracias a todos aquellos que alguna vez leyeron estas líneas.

A quienes lo hicieron por amistad, y a quienes encontraron una idea o una referencia que mereciera algún interés.

Como decía Cohen -aplicado, eso sí, a una obra importante, “Beautiful Losers”, no a estas líneas plagadas de desvaríos-, en paráfrasis: disculpen si les he hecho perder el tiempo, pero estas líneas han sido escritas entre los vapores de la fiebre. Tal vez, debido a ello, no han conformado siquiera un blog, sino un delirio más o menos leve cuyos efectos se les pasarán en breve. Como su recuerdo. Y tal vez mejor así.

Un abrazo.


Permítanme una última canción: "Maitia nun zira?", Kepa Junkera con voz de Dulce Pontes.




"Maitia nun zira? (Amor, ¿dónde estás?)

Nik ez zaitut ikusten (yo no te veo)

ez berririk jakiten, nurat galdu zira (no tengo noticias tuyas, dónde te has perdido)

Ala khambia tu da, zure deseina (¿o ha cambiado?)

Hitz eman zenereidan, ez behin bai berritan enia zinela (me diste tu palabra de que eras mío)

Ohikua nuzu, enuzu khambiatu (soy la de siempre, no he cambiado)

bihotzian beinin hartu, eta zu maitatu (en mi corazón, y amándote)

(...)"

lunes 16 de junio de 2008

Matthias Sindelar


La prensa de hoy -al menos Público-, recuerda -con motivo del partido Austria-Alemania de la Eurocopa- la historia del jugador austríaco Matthias Sindelar. Sindelar era, en pleno periodo de auge del nazismo, el jugador más importante de Austria. Un delantero icono del fútbol de su país.

En pleno advenimiento del nazismo Alemania decidió que la selección austríaca de fútbol debía ser anexionada por la alemana. Y para celebrarlo -qué peculiar sentido del concepto celebración tenían los nazis-, se organizó un partido entre ambas selecciones, en el que el guión marcaba -obviamente- que era la selección alemana la que debía imponerse.

Matthias Sindelar era abiertamente contrario a semejante anexión. Y no se le ocurrió otra manera mejor de mostrarlo que acabar marcando un gol a la selección alemana y festejarlo con un baile, justo enfrente del palco de autoridades.

Desde aquel día Sindelar fue sometido a una intensa presión -a lo que se añadió que su pareja era judía- por el régimen nazi. Finalmente, el 23 de enero de 1939 fue encontrado, junto a su pareja, muerto por inhalación de gas.

Lo sé, es otra historia sobre un jugador de fútbol, pero también un apunte en la historia de la dignidad.


P.S. Un interesante documental sobre Sindelar, bajo estas líneas, en dos partes.



domingo 15 de junio de 2008

Antonín Panenka



Nada en la carrera de Antonín Panenka permitía prever que se convertiría en uno de los futbolistas más célebres de la historia del fútbol. Hasta la final de la Eurocopa de Yugoslavia de 1976, disputada por Alemania -la República Federal, entonces- y la selección de Checoslovaquía de la época.

El partido se jugó el 20 de junio en Belgrado, entre una selección alemana que contaba con jugadores como Maier, Beckenbauer, Höness y Muller y la selección checoslovaca, que había resultado la revelación imprevista del torneo, y en la que destacaron a lo largo del mismo jugadores como Viktor, Ondrus y Masni.

Ninguno de ellos, en cambio, alcanzaría en ese partido el protagonismo de Antonín Panenka, un centrocampista de buen toque que jugaba en el Bohemians de Praga -en el Bohemians tenía que ser-. Pese a que Checoslovaquia llegó a adelantarse 0-2, Torpedo Muller acabó equilibrando el partido, que tras los 120 minutos llegó a la tanda de penaltis para resolver el campeonato.

El cuarto penalti alemán lo falló una de sus estrellas de entonces, Höness. Era el momento de Panenka. Pese a no tratarse de un extraordinario jugador, Panenka tenía una merecida fama de especialista. Ese era el escenario: en la portería, Maier, un mito. Y se trataba del quinto y último penalti de la tanda. Si marcaba, el campeonato, sorpresivamente, lo ganaría Checoslovaquia.

Panenka lanzó el penalti suavemente, por el centro de la porteria, apenas con la fuerza suficiente para que -si lograba engañar al portero- el balón traspasara la línea. Maier se lanzó hacia su izquierda y el balón, prácticamente a cámara lenta, entró.

Checoslovaquia ganó el campeonato, y Panenka un hueco en la historia romántica del fútbol. En el capítulo dedicado a aquellos jugadores que trascendieron su propia suerte y fueron capaces de -en sus palabras- "hacer algo distinto". En el momento más aventurado, de la manera más inesperada.

Cuando en las entrevistas todavía preguntan a Antonín Panenka por lo que pensaba en aquellos momentos acostumbra a responder: "se puede lanzar por la izquierda, por la derecha, por alto, por bajo, pero yo siempre he pensado que lo bonito es hacerlo de una manera diferente".

Desde entonces, los penaltis lanzados de ese modo se denominan penaltis "a lo Panenka". Dado que, tengo entendido, actualmente se dedica a cuestiones relacionadas con el marketing, habrá que convenir en que, con ese penalti, creó una nueva categoría.


P.S. En el vídeo que encabeza el post, el penalti de Panenka, y otros históricos lanzados con ese y otros estilos diferentes.

sábado 14 de junio de 2008

Extraterrestres en la tierra


Cuando hace algunos meses apareció la noticia de que Robbie Williams había tomado la decisión de dejar a un lado temporalmente su carrera musical para dedicarse a investigar presencias extraterrestres y ovnis me pareció una salida brillantísima. Al nivel de un tipo con irónicos aires de crooner y capacidad para crear dignos y eficaces éxitos pop.

No tengo ni idea de si detrás de semejante humorada late un fondo de surrealista resistencia al mercado en el que se desenvuelve desde los dieciséis años. Probablemente no, pero lo parece: qué mejor excusa para tomarse un descanso, para dar una pausa a una carrera desmesurada, que dedicarse a buscar extraterrestres. Mayores extravagancias habrá oído a su alrededor durante todos estos años para justificar muchas decisiones sobre su trayectoria.

A mí me empieza a parecer lógica su decisión: qué estrés ni qué zarandajas. Una vez que has confirmado la existencia de extraterrestres en la tierra, toca mostrar las pruebas. Y Williams ha tomado la responsabilidad, en primera persona. Le honra. Lo demás, música incluida, puede esperar.

Lo que se tiene que estar riendo. Qué grande. Sí, también en esto.

Una versión, con Nicole Kidman, de Somethin' Stupid:



Una versión de My Way:



Y Rock DJ:

viernes 13 de junio de 2008

Las enfermedades y sus metáforas

Susan Sontag fue una novelista y ensayista estadounidense a la que la etiqueta de escritora se le quedaba pequeña. Escribió, sin duda, pero también realizó numerosas incursiones en la fotografía, el cine o el teatro. Llegó a representar durante la increíble guerra de los Balcanes de apenas hace una década la obra de Samuel Beckett Esperando a Godot en la ciudad bosnia de Sarajevo.

Sin embargo, Sontag siempre me viene a la memoria por dos ensayos fundamentales -en mi opinión- para entender la experiencia corporal, la relación ambivalente que mantenemos con nuestro propio cuerpo: La enfermedad y sus metáforas y El Sida y sus metáforas. Durante muchos años, la propia Sontag padeció diferentes tipos de cáncer a los que sobrevivió, por encima de las peores previsiones, hasta su fallecimiento a los setenta y un años.

Partiendo de su propia enfermedad, planteó la siguiente tesis: lo realmente problemático para los enfermos de cáncer no es tanto su esperanza de vida y probabilidades de curación -que, por supuesto, lo es-, sino arrostrar todas las metáforas infamantes que atraviesan la experiencia de la enfermedad. Toda suerte de tropos que, disfrazándola eufemísticamente -larga enfermedad...-, la dotan de un aura de misterio que termina por estigmatizar definitivamente a quien la padece. El cáncer, decía Sontag, no es más que un acontecimiento biológico "sin significado ni sentido": ni posee caracteres morales, ni constituye una forma de castigo, ni el azar biológico es un trasunto del destino. Ocurre. Punto.

Soportar las consecuencias de las duras sesiones de quimioterapia o radioterapia resulta sólo una parte del recorrido terapéutico. No es emocionalmente menor el esfuerzo para superar el entramado de metáforas, de representaciones colectivas, de la enfermedad: "la batalla...", "no me rendiré...", "venceré a la...".

Susan Sontag abogaba por una enfermedad sin significados, neutra, tratada como un acontecimiento "frío". En contra de esa postura racionalista se halla la desaparición de la muerte como rito -que no como espectáculo- en nuestras sociedades. Cómo hablar con claridad de un fenómeno cuya visibilidad tratamos de evitar. Cómo dejar de emplear eufemismos si nos sobrecoge citar el concepto.

Eduard Punset cuenta hoy en una entrevista en El País que padece cáncer de pulmón. Me resulta llamativa en la entrevista la mención a un consejo que reciben frecuentemente los enfermos -Punset ya lo mencionó en su propio blog en febrero- y que conecta con los planteamientos de Sontag: "Para amparar tu propia seguridad te dicen, que en la medida de lo posible, procures no desvelar la existencia del cáncer".

Este domingo el programa Redes, del que ya hemos hablado en posts anteriores, emitirá un diálogo entre Punset y su oncólogo, Rafael Rosell.

Un diálogo interesante e infrecuente entre médico y paciente.



Viernes

Es viernes. Nada menos.

Mi manera de desear un buen fin de semana a todos:

Una canción: MGMT, Time to pretend.



Un anuncio divertido -y una apuesta de reposicionamiento de la marca Trina (ojo a su web, Trinatown)-: "está bien ser natural, no te compliques".



Y, por último, una canción, vídeo incluido, de Marlango. Que no falte de nada:



Para gustos están los colores, y para todos, espero, los buenos fines de semana. :-)

jueves 12 de junio de 2008

Morales



Tengo perfectamente asumido -bueno, dejémoslo en que lo tengo asumido, a secas- que la vida nos exige cobrarse un peaje por la enorme dicha de poder disfrutar de un día de sol, gozar con la lectura de un libro imprescindible, aprender en el trabajo o cenar con alguien que merezca la pena. El precio es simple, pero agotador: el resto del tiempo hay que aguantar una auténtica miríada de soplapolleces.

El campeón del mundo de ciclismo en ruta del año 2005, Tom Boonen, ha revelado que en un control antidopaje previo a la Vuelta a Bélgica se le detectaron restos de cocaína. Y ha pedido, contrito, excusas por ello en una comparecencia en la que la Dirección de su equipo, Quick Step, informaba de la renovación de su contrato por tres años.

Como es bien sabido, el consumo de esta sustancia no constituye en sí mismo un motivo de sanción deportiva, puesto que la cocaína no está incluida entre la clasificación de productos dopantes. Aun así, el caso ya ha generado algunas reacciones peculiares, aunque previsibles.

Las dos primeras han procedido de la Vuelta a Suiza y el Tour de Francia. La Dirección de la primera de las pruebas ha declarado a Boonen “persona non grata”, tratando de evitar su participación en la carrera que se inicia este sábado. El Tour de Francia tampoco ha tardado, por medio de su director Christian Prudhomme, en informar que la carrera francesa no permitirá la participación del corredor, porque, aun reconociendo que se trata de un gran campeón, “un campeón debe ser ejemplar”. ¿Ejemplar? ¿Ejemplar en qué?

El mundo al revés: mientras la empresa que paga al ciclista renueva su contrato como muestra pública de apoyo, los organizadores de las pruebas ciclistas -que nada tienen que achacarle, puesto que nada ha incumplido- se lanzan en una enloquecida carrera por la santidad y la pureza en la que -como en toda Cruzada- los derechos individuales se ven tan damnificados como la inteligencia y el sentido común.

El único delito de Boonen será, en todo caso, no cuidarse tal y como debe exigírsele a un deportista de elite. Y será la empresa que le paga la que deba recordárselo, de la manera que considere. La responsabilidad del ciclista finaliza en el cumplimiento de la legalidad, exclusivamente. Pero para algunos no es suficiente. Aunque su conducta tenga, como en este caso, un componente exclusivamente autolesivo, ni siquiera doloso. Para los santos y los maniqueos, nada es suficiente. Nada les detiene en la frenética carrera por ser los más escandalizados y dolidos.

Salvo que el imputado haya firmado muchas de las facturas que alimentan a sus inquisidores, como bien conoce y gestiona Max Mosley. En esos casos, la pureza moral deja paso, con igual celeridad, a un sentido pragmático de supervivencia del santo (o la santa).

No se trata de una doble moral, sino de una sola y definida: vocacionalmente contradictoria, hipócrita y ventajista. La que exige la transparencia en los demás, pero elude contra viento y marea mostrar las interioridades propias.

miércoles 11 de junio de 2008

Belauste, el de la furia


Uno de los claims de la comunicación publicitaria que rodea a la selección española es “la furia roja”. Lo emplean tanto los patrocinadores como los medios de comunicación, quién sabe si con la esperanza de encender la adrenalina de los jugadores seleccionados, o con la intención de no desilusionar por anticipado a una afición acostumbrada a transitar de fracaso en fracaso.

La genealogía del concepto se remonta –ahí es nada- a la primera participación de la selección española en unos Juegos Olímpicos, en los de Amberes de 1920. Y, en lo que respecta al fútbol, con un equipo en el que destacaban –sin desdoro de otros grandes nombres- Zamora –portero del F.C. Barcelona-, Rafael Moreno (Pichichi) –Athletic de Bilbao-, Samitier –F.C. Barcelona- y José María Belausteguigoitia, centrocampista del Athletic. Belauste.

Cuenta Alberto Bacigalupe en un realmente entrañable libro sobre BelausteBelauste, el caballero de la Furia- la historia del partido que dio origen al mito de la furia, personificado en el jugador del Athletic. Se jugaba el Suecia-España el 1 de septiembre de 1920, en un ambiente enrarecido. Un peculiar sistema de clasificación obligaba a disputar una fase para la obtención de las medallas de plata y de bronce entre los perdedores de los cuartos de final. La selección sueca amagó incluso con abandonar la competición, como protesta por el arbitraje recibido en su partido anterior, frente a Holanda. Pero finalmente dio marcha atrás, y el partido se disputó.

Curiosamente, el auténtico creador de la leyenda de la furia fue el periodista gallego Manuel Castro “Hándicap”, designado Juez de Línea para este partido y autor de un libro sobre los Juegos Olímpicos de Amberes. Sólo él, excluidos los futbolistas presentes en el campo, oyó la mítica frase de Belauste.

“Sabino va a ejecutar el castigo y José Mari, situado en actitud retadora, entre suecos, en la boca de goal, grita: ¡Sabino, a mí el pelotón, que los arrollo! Y, efectivamente, Sabino lo envía por alto, un sueco pretende alcanzarlo; pero surge la corpulencia de Belauste con tal entrada y con tan formidable cabezazo al pelotón, que éste y varios suecos ruedan dentro de la portería. Un verdadero goal hercúleo”.

Asegura en su libro Alberto Bacigalupe que algunas versiones menos literarias –como la del propio portero Zamora- explicaron posteriormente que el gol fue menos nítido y que Belauste impulsó con el pecho, y no con la cabeza, el balón al interior de la portería sueca.

Muchos años más tarde, la hija del abogado bilbaíno José María Belausteguigoitia, Lorea, comentaba al periodista autor del libro sobre su padre: “no deja de ser curioso que la furia española naciera de este nacionalista vasco, responsable de la sección de fútbol de las juventudes del PNV”.


P.S. Altamente recomendable el libro de Alberto Bacigalupe -Editores Muelle de Uribitarte-, por el esfuerzo de recoger testimonios e historias que corren el riesgo de diluírse tan pronto fallecen sus protagonistas únicos. Por emplear ese registro periodístico barroco reflejando el estilo de la época. El propio Bacigalupe falleció poco después de la publicación de este libro.
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