
Gracias a un amigo excepcional -como amigo y como persona- he acabado descubriendo que el autor de este blog -uf, ¿autor?- vive tan inconscientemente como jugaba al Risk años ha. El Risk, para quien no lo recuerde, es un juego de mesa cuyo fin consiste en -sobre un tablero-mapa- lograr los objetivos militares definidos, y en competencia con el resto de jugadores.
Mis éxitos con este juego fueron más bien limitados, la verdad. Probablemente tenía bastante que ver con ello el que se tratara de un juego de estrategia. Concepto con el que me manejo con relativa soltura en el mundo laboral, pero que desdeño hasta lo inconcebible -quién sabe si compensatoriamente- en mi vida personal. En aquellas partidas debí entender que la única fórmula posible consistía en atacar y atacar con denuedo hasta que se clarificara el panorama: habitualmente con una derrota -calificada de suicida por mis contrincantes-; y en rarísimas ocasiones con una victoria, que me sorprendía a mí tanto como al resto de compañeros de mesa.
Esa falta de criterio, esa carencia de capacidad para dimensionar las consecuencias de lo que se emprende, ha acabado constituyendo la metáfora misma de un servidor. Lanzar los dados con inconsciencia es un riesgo, y genera consecuencias. El momento de afrontarlas es también el momento para completar ciclos, plegar velas, abrazar a los amigos, recordar con pasión y sonrisas a las personas queridas y tomar otro camino. Discretamente.
No tengo, lo reconozco, ni puñetera idea de si la vida tiene sentido. Sé, desde mi lejano bagaje de estudiante de ciencias sociales, que siempre dotamos de sentido a lo que hacemos. Un jodiente imperativo antropológico. Pero que todo esto posea un sentido trascendente en sí, sea hoy el día más triste o el más feliz de la vida de cualquiera de nosotros, es una duda absorbente. Y un esfuerzo moral ciclópeo imposible.
Tal vez la cosa resida en que carece de sentido trascendente, o que su composición es tan evanescente como pueda serlo pensar en qué coño ganaba yo cuando por puro azar conseguía hacerme con una partida de Risk. Para qué.
Hace medio minuto o mil años, no sé, algún habitante de este planeta recordaba que cuando una noche sonó su timbre, aquella chica se asomó precipitada a su terraza pensando que su antigua pareja volvía a resguardarla, que daba marcha atrás. Que lo inexorable no existía, en realidad. Que aquellos paseos por la playa no debían acabar, maldita sea.
Cada medio minuto o mil años, no sé, nacen y se esfuman emociones cuyo alcance es inagotable, y constituyen la sustancia misma del ser humano. Su sentido, qué cojones.
De algo así creo recordar que iba este blog, y con ello se cierra. Tenía la pretensión de mantener una pequeña rebelión contra lo inexorable. Una rebelión gratuita, al fin, más propia del penoso jugador melancólico de Risk que firma esto, que de alguien que conozca con detalle -y capacidad de adaptación darwiniana- las condiciones de posibilidad de la existencia.
Gracias a todos aquellos que alguna vez leyeron estas líneas.
A quienes lo hicieron por amistad, y a quienes encontraron una idea o una referencia que mereciera algún interés.
Como decía Cohen -aplicado, eso sí, a una obra importante, “Beautiful Losers”, no a estas líneas plagadas de desvaríos-, en paráfrasis: disculpen si les he hecho perder el tiempo, pero estas líneas han sido escritas entre los vapores de la fiebre. Tal vez, debido a ello, no han conformado siquiera un blog, sino un delirio más o menos leve cuyos efectos se les pasarán en breve. Como su recuerdo. Y tal vez mejor así.
Un abrazo.
Permítanme una última canción: "Maitia nun zira?", Kepa Junkera con voz de Dulce Pontes.
"Maitia nun zira? (Amor, ¿dónde estás?)
Nik ez zaitut ikusten (yo no te veo)
ez berririk jakiten, nurat galdu zira (no tengo noticias tuyas, dónde te has perdido)
Ala khambia tu da, zure deseina (¿o ha cambiado?)
Hitz eman zenereidan, ez behin bai berritan enia zinela (me diste tu palabra de que eras mío)
Ohikua nuzu, enuzu khambiatu (soy la de siempre, no he cambiado)
bihotzian beinin hartu, eta zu maitatu (en mi corazón, y amándote)
(...)"












